miércoles, 15 de abril de 2020

Un delicado equilibrio


Una fugaz visión de su rostro iluminado por unas oportunas llamas a ella dedicadas puso el mundo en sus manos, que apretaron más tarde entre sus dedos la muy querida tierra roja de Tara.

Su prodigiosa interpretación del papel femenino más deseado de todos los tiempos le da derecho a ocupar un lugar especial en cualquier antología. Pero rindámosle tributo también por su brillante carrera en el teatro, y por la escasa veintena de apariciones en la pantalla plateada que nos dejó antes de perder otra vez la guerra, una batalla más íntima y cruel porque ahora sí que era la suya propia.


La frágil muchacha inglesa no era bella, pero sí una excelente actriz, sensible, con personalidad suficiente para enmascararla tras cualquier personaje y hacer brotar de ella lo que convenía a cada papel. Pertenecía a la tradición británica del teatro y, dicho esto, poco más hay que añadir: su perfecta combinación de agresividad y dulzura, su versatilidad, su imparable caminar en cuanto decidía qué era lo que deseaba, aquel aire de inocente colegiala del que tan bien supo sacar partido...

Tuvo la audacia de repetir la hazaña una vez más, y le dio la vuelta a su propio mito en un alarde de genialidad, doce años después, consiguiendo que el trole del tranvía volviera a echar chispas, anticipándose a su propio destino.

Su última travesía fue por mar, después de que le fuera negado transitar por la senda de los elefantes, pero no antes de que el cuaderno de bitácora viera repletas sus páginas con una legendaria historia de amor, agridulce, como muchas de las que ella había interpretado.

 La luz de las velas se extinguió con suavidad, a ritmo de vals. La enfermedad se cebó en Vivien y nos privó quizás de una otoñal Escarlata jurando que nunca dejaría pasar el amor de largo. Sólo ella podría hacerlo otra vez. Atreverse a usurpar sus gestos de niña traviesa, de patética decadente, de egoísta luchadora... es un acto de lesa majestad, una traición a la Causa, porque pertenecen a una época que debemos buscar en las pantallas más añejas, porque se fue con el viento.


Filmografía de Vivien Leigh (1913-1967)

1935: "Things Are Looking up" Albert de Courville
1935: "The Village Squire" Reginald Denham
1935: "Gentlemen's Agreement" George Pearson
1935: "Look Up and Laugh" Basil Dean
1937: "Fire Over England" William K. Howard
1937: "Twenty One Days Together" (Veintiún días juntos) Basil Dean
1937: "Dark Journey/The Anxious Years" (La mujer enigma) Victor Saville
1937: "Storm in a Teacup" Victor Saville e Ian Dalrymple
1938: "A Yank at Oxford" (Un yanqui en Oxford) Jack Conway
1938: "St. Martin's Lane/Sidewalks of London" (Callejón sin salida) Tim Whelan
1939: "Gone With The Wind" (Lo que el viento se llevó) Victor Fleming
1940: "Waterloo Bridge" (El puente de Waterloo) Mervyn Le Roy
1941: "That Hamilton Woman/Lady Hamilton" (Lady Hamilton) Alexander Korda
1945: "Caesar and Cleopatra" (César y Cleopatra) Gabriel Pascal
1948: "Anna Karenina" (Ana Karenina) Julien Duvivier
1951: "A Streetcar Named Desire" (Un tranvía llamado Deseo) Elia Kazan
1955: "The Deep Blue Sea" Anatole Litvak
1961: "The Roman Spring of Mrs. Stone" (La primavera romana de la Señora Stone) José Quintero
1965: "Ship of Fools" (El barco de los locos) Stanley Kramer

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